RESEÑA – El país del diablo

El país del diablo
Perla Suez
La Pereza Ediciones, Corp.
2015

PaisDiablo

 

El país del diablo, la última novela de la escritora argentina Perla Suez, galardonada con el premio Sor Juana Inés de la Cruz 2015, deleita por su ritmo, atmósfera y, en especial, por su protagonista, la mágica mapuche Lum Hué.

La novela está dividida en tres segmentos titulados, Sufrimiento, Muerte y Resurrección, además de un Epílogo a manera de cierre. El tiempo narrativo de la trama de la novela es el 1879 durante el proyecto de la Conquista del Desierto (1878-1885) en Argentina, que no era otra cosa que eliminar las tribus mapuches, alambrar los terrenos y allanar el camino a los terratenientes para la siembra.

En la novela, un puñado de soldados: el teniente Rufino, el soldado Carranza, el coronel Ordóñez, Ancatril, un indígena que es parte del ejército, pertenecen a la retaguardia de la maloca. Deus, el fotógrafo y agrimensor que los acompaña se encarga de documentar con sus fotos la destrucción. Mide los terrenos y anota en un mapa el territorio conquistado. Colecciona, además, cráneos de indígenas y artefactos de valor antropológico.

La toldería a la que pertenece Lum Hué es incendiada y los dieciséis miembros asesinados. Recién iniciada como machi, Lum Hué es la única que sobrevive. Una vez destruida la toldería, ella perseguirá a los hombres con el propósito de recobrar el cultrúm, un acto simbólico, y hacer justicia.

La narración de la trama está situada en 1879. Es el momento de la iniciación de Lum Hué y la destrucción de la toldería. Conoceremos el pasado de los personajes en breves pero decisivos recuerdos que contribuyen a que estos adquieran dimensión. Los contornos mínimos pero suficientemente precisos de los personajes nos revelan sus conflictos personales y motivaciones. La narración en tercera persona omnisciente es interrumpida por el discurso directo de los personajes a través de la historia con intervenciones breves y justas para adelantar la historia y abonar a la tensión y al conflicto.

La novela corta, solo cuenta con 153 páginas, atrapa con su narrativa poéticamente escueta. La descripción del paisaje incide directamente sobre la historia para crear la atmósfera de misterio, de soledad y la historia sempiterna que subyace en la tierra y en los pueblos. La imagen del ojo, bien sea por referirse a la lente de la cámara de Deus como el ojo metafórico del paisaje es, a mi entender, un símbolo efectivo y de gran contenido. El desierto que es otro personaje observa a los hombres, a Lun Hué mientras ella los observa a ellos y Deus fotografía el paisaje. En la novela nadie es absolutamente bueno o malo; todos sucumben, responden o se sobreponen a sus miedos.

El país del diablo nos muestra la historia desde la perspectiva de una mapuche mestiza. Según avanzamos hacia el final, se intensifica una atmósfera rulfiana de la realidad. En el Epílogo, en el segmento titulado La frontera Ancatril se pregunta: «¿Estamos muertos?» p.153. El lector concluye el texto con la estimulante incertidumbre de si ha leído o no una historia de muertos.

La novela hechiza con las metáforas alucinantes de un paisaje que, a pesar de su aparente vacío y esterilidad, contiene bellezas única. A continuación una brevísima cita del texto para entusiasmar a los lectores a que se sumerjan en la lectura de El país del diablo:

«El desierto se parece a ese libro donde cada letra está caligrafiada con un baño de tinta azul. Es algo misterioso asentado sobre el fondo de una gran tiniebla.» p.73

Reseñado por María D. Zamparelli